Antes, comer de todo y en abundante cantidad era sinónimo de una buena alimentación. Sin embargo, a lo largo del tiempo y tras una serie de estudios médicos hoy lo recomendable es restringir nuestro consumo. Sobre todo si usted está pasando la barrera de los 50 años.
El español Néstor Luján, escritor gastronómico del siglo veinte, decía que la salud es el silencio de los órganos: “uno no se da cuenta de que tiene hígado hasta que éste protesta, y con los años, los órganos dejan oír su voz con una frecuencia preocupante”.
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NO A LOS EXCESOS
Cuando uno es joven tiene más apetito y suele comer todo lo que hay a su alcance. Sin embargo, el periodista español Julio Camba manifestaba en su libro “La casa de Lúculo o el arte de comer” que comer bien y a gusto, es algo que no siempre se puede hacer.
“Cuando uno tiene apetito y estómago para comer de todo suele faltar el dinero suficiente para hacerlo, mientras que cuando uno es mayor y tiene una mejor posición económica, suele carecer de ese apetito propio de las personas jóvenes”, decía Camba.
Lo mismo ocurre con las bebidas alcohólicas. El humorista Carlos Romeu afirmó lo siguiente al respecto: “a los treinta años tenía resacas; ahora, convalecencias”. Cierto.
Y es que a medida que uno va envejeciendo nuestro organismo ya no funciona con la misma rapidez que antes. Es por ello que los médicos suelen recomendar a las personas de esta edad seguir un régimen alimenticio bajo en grasas y restringir sus porciones de comida.
Por eso es aconsejable dejar, poco a poco, de cometer excesos, pues como dicen “los excesos de la juventud se pagan en la ancianidad”. De este modo, la virtud para alcanzar una buena alimentación está en el término medio: moderación y, de vez en cuando, un buen homenaje.

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