La candidata del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, se perfila desde ya como clara favorita para ganar las elecciones del 3 de octubre.
No tiene el carisma ni la experiencia política de Lula, pero sí el respaldo explícito del mandatario, que desde que comenzó la campaña, hace un mes y medio, se ha presentado con ella en mítines y en la televisión, pidiendo a los brasileños que la apoyen.
"Dejo en tus manos a mi pueblo y todo lo que más amé y lo hago porque sé que vas a continuar con lo que hice", dice una voz que imita a la de Lula en una de las canciones de la campaña del PT.
Rousseff ha entendido que el magnetismo del ex sindicalista y la oferta de continuar con su obra de Gobierno pueden ser las cartas de triunfo en las elecciones y no deja de repetir que desea "ser como Lula", pero con "alma y corazón de mujer".
En sus discursos, la candidata del PT, que enfrenta este año la primera elección de su vida, no esconde quién es su "Pigmalión" en la política y llega a citar a Lula más de una vez por minuto para explicar sus ofertas.
A esa recurrente mención agrega su participación en el Gobierno de Lula, primero como ministra de Energía y luego como titular de la cartera de la Presidencia, cargo al que renunció para ser candidata en marzo pasado.
"Aprendió conmigo", declara Lula en las propagandas de Rousseff en televisión, medio en el que la campaña comenzó el pasado martes.
El principal rival de la "candidata de Lula" es el opositor José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), quien se presenta ante los votantes con un sólido currículum político como principal baza.
En los últimos 30 años, ha sido diputado, senador, alcalde y gobernador de Sao Paulo, ministro de Desarrollo y de Salud, y candidato a la Presidencia en 2002, cuando perdió contra Lula.
Como Rousseff, carece de todo carisma y es visto como un eficaz gerente. Y como ella, no deja de elogiar a Lula en sus discursos, pese a su carácter opositor.
"Ha hecho cosas muy buenas", ha dicho en su espacio electoral en la radio, en el que también insiste una y otra vez en que "Lula no es candidato en estas elecciones", por lo pide que su experiencia sea medida con la de Rousseff.
Hijo de un verdulero, Serra también apela a su origen humilde, como el de Lula, para intentar conquistar a los votantes seducidos con la historia del tornero mecánico que llegó a la Presidencia.
Sin embargo, hasta ahora las encuestas dicen que su mensaje no ha calado.
Cuando falta un mes y medio para las elecciones, los sondeos le atribuyen a Rousseff entre 41 y 45% de la intención de voto, frente al 30% que le adjudican a Serra.

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